Wednesday, June 4, 2014

¡NO MÁS CULTURA DEL MIEDO EN COLOMBIA!


Con los resultados de la primera vuelta de las pasadas elecciones en Colombia, quedé cansada, decepcionada, triste y asqueada, todo a la vez. Suena deprimente, si, pero por fortuna la depresión no me agotó ni la indignación, ni el cerebro. Al contrario, me motivó a expresar mi opinión sin miedo. He vivido años con miedo. Miedo como el de todos los colombianos que nos ha afectado o nos hemos dejado afectar por la violencia. Pero cómo no afectarse si está a la vuelta de la esquina. Porque no hay nada más violento en Colombia que la brecha abismal entre aquellos con altísimo poder adquisitivo y los que están en condición de pobreza. Pero, para no entrar en lugares comunes y para ir al grano quiero expresar lo siguiente:

A los colombianos nos da miedo decir lo que pensamos hasta con el voto. Claro está, porque muchos han muerto por expresar sus opiniones de esta forma. Que no se nos olvide "Dos candidatos presidenciales, los abogados Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, ocho congresistas, trece diputados, setenta concejales, once alcaldes y alrededor de 5.000" militantes de la Unión Patriótica, "fueron sometidos al exterminio físico y sistemático por grupos paramilitares y miembros de las fuerzas de seguridad del estado (ejército, policía secreta, inteligencia y policía regular) y narcotraficantes

Por supuesto que al decir que "a los colombianos nos da miedo […]", no me refiero a los "colombianos de bien" (expresión engañosa usada por el expresidente Uribe); me refiero a los 4'600.000 colombianos que no le comieron cuento al fatídico inventor y propagador de las CONVIVIR y que no votaron por este personaje en el 2006. Me refiero a los colombianos que ahora trabajan con pocas o nulas esperanzas de pensionarse algún día cuando se les agote la fuerza. Me refiero a los millones de víctimas desplazadas, torturadas y silenciadas que no pudieron encontrar la paz. Me refiero a las masas de paisanos, que el gobierno de Uribe supo mantener en el oscurantismo con la falsa promesa y sensación de seguridad. Pero, ¿de dónde sacamos los colombianos que puede haber seguridad con un problema social como el que tenemos? ¿De dónde?

Ya me harté. Me harté de leer todos los días, sobre las muertes de los soldados, los policías, los jóvenes que pertenecen a los grupos alzados en armas, los jóvenes que pertenecen a los grupos paramilitares. Estoy harta del descaro con que muchos de nosotros podemos levantarnos todos los días sin que nos afecte la cifra de víctimas. ¡Más de seis millones de colombianos! Pero sobre todo, estoy harta de la manipulación de las campañas electorales y de cómo los colombianos se dejan engañar con las sandeces que se atreven a decir los candidatos y una de las candidatas. Estoy harta de los más de 20 millones de colombianos pertenecientes al censo electoral que no acudieron a las urnas el pasado 25 de mayo. Gracias a los colombianos que no votan, durante los ocho años del gobierno de Uribe nunca se habló de paz, ni se planteó una política social que en verdad le apuntara a la superación sostenida de la pobreza, ni se buscó articular una ley que reparara a las víctimas del conflicto, o se pensó en la restitución de tierras. ¡NO!  Gracias a los abstencionistas, Colombia se vio embebida en ocho años de miedo, ocho años de persecuciones a la oposición, de persecuciones a los activistas de derechos humanos, a los educadores, a los sindicalistas, al trabajador que vive con el mínimo, a los periodistas investigadores de corruptelas y a todo colombiano no denominado "de bien".

Por esto hoy, le escribo a estos millones colombianos y los que aun dudan por quién votar. Que dejen el miedo y salgan a las urnas y voten por Santos, no porque que sea "santo de mi devoción", pues no soy devota de nada ni de nadie. Mi tendencia política no es liberal, ni conservadora y mucho menos de derecha a donde pertenece Santos. Yo sigo lo que me dicta mi conciencia a la luz de lo que sucede en el país todos los días, de lo que leo y me informo; y de lo que comparto con mi propio grupo social. Mi llamado a votar por Santos no es por convicción es por necesidad. No es vivible un país que continué con un conflicto como el colombiano.

Mi llamado en este momento, es un llamado de conciencia a los colombianos, a que usemos nuestro único poder, EL VOTO, para dejar la cultura del miedo que nos ha llevado a pensar que la guerra es la única opción. Un VOTO por la paz, por la conciliación, por el perdón. Un voto que le dice que NO al odio, que le dice tanto a víctimas como a victimarios que queremos caminar este sendero juntos. Que nos queremos comprometer para que Colombia en verdad emprenda una ruta hacia el desarrollo, pero un desarrollo para todos. No sólo para los que vivimos en las ciudades (oasis de la guerra).

Un voto que dice, "soy parte del conflicto y hoy me comprometo a ser parte de la solución". ¡Que no nos metan más miedo a la PAZ!